Orlac, un célebre pianista pierde sus manos en un fatídico accidente, pero por suerte los médicos consiguen transplantarle las de un asesino condenado a muerte. Dicha solución no obstante acaba teniendo consecuencias fatídicas, ya que el protagonista llega a creer cómo esas nuevas manos tienen impulsos homicidas y se van apoderando de su voluntad. El filme reunía de nuevo al director de El gabinete del doctor Caligari junto a uno de sus actores principales, el gran Conrad Veidt, uno de los intérpretes más carismáticos de la era muda. Aquí ambos se sirven de este relato de terror para volver a evocar esa ambientación expresionista que tan buenos frutos les dio en el filme precedente.
