KURUTTA IPPÊJI | No deja de ser curioso que la película muda más reputada de Japón sea al mismo tiempo una de las más vanguardistas que se produjeron en dicho país. Inspirado por corrientes experimentales europeas como el expresionismo alemán, Kinugasa creó una obra que aún hoy sigue sorprendiendo por su estilo tan rompedor y su tono tan oscuro y perturbador. Ambientada en un manicomio y con una narrativa difusa en que cuesta distinguir entre sueño y realidad, el filme invita a dejarse llevar por las sensaciones más que a seguir un hilo conductor, y que a día de hoy sigue transmitiendo una inquietante sensación de pesadilla cinematográfica.
