¿Quién decía que el cine mudo soviético era sesudo y politizado? Si algo nos demuestra este filme es que a los rusos nunca les faltó sentido del humor, ya que se trata de una de las comedias más destacadas de la era muda. Su autor, Boris Barnet, narra aquí las desventuras de una humilde criada que llega a Moscú y tendrá que aprender a desenvolverse en la gran ciudad. El gran aliciente de la película es la forma como combina el sentido del humor con algunas de las innovadoras técnicas de montaje propias del cine vanguardista soviético. Obra divertida y muy moderna, que deja caer el inevitable mensaje político de la época, pero no sin renunciar por ello a hacer algunas bromas mordaces al respecto. Aunque Barnet fue un cineasta incomprendido, obras como ésta demuestran que su cine ha aguantado magníficamente bien el paso del tiempo.
