A mediados de los años 20, Harry Langdon era el cómico más famoso del mundo solo por detrás de Chaplin y Harold Lloyd, pero en tan solo cinco años su carrera se vendría a pique convirtiéndole en toda una figura de culto de la era muda. Por el camino nos dejó una serie de clásicos del slapstick que demostraban sus innegables dotes como cómico, encarnando a un personaje naif e inocentón que se adelantaba unos años a Stan Laurel de El Gordo y El Flaco. Una de sus obras más destacadas es The strong man, dirigida por un escritor de gags que debutaba en la dirección llamado Frank Capra, quien en solo unos años se convertiría en uno de los más grandes directores de la historia. Esa unión de talentos sencillamente no podía fallar.
